22 de noviembre de 1963

22 de noviembre, 1963. Estoy en Waltham, Massachusetts, EE.UU.

Los 22 de noviembre me traen recuerdos muy intensos. Siempre he querido contarlos.
Aquí estoy con mis instrumentos favoritos de escritura: papel cuadriculado a 0.5cm y un lápiz mecánico Staedtler con grafo HB de 0.5mm coronado por una generosa y estupenda goma blanda y rojiza. Siento que puedo expresarme con más lealtad, colocar más palabras por hoja A4 con estos elementos. Tengo el anónimo e inexpresivo ordenador muy cerca pero solo lo usaré para pasar en limpio lo que el grafito haya dejado sobre el papel. La sensación de la punta gastándose al raspar la hoja mientras la voy girando para que sea más incisiva, el ruido sutil de mi lápiz raspando el papel, y la resistencia a mis trazos de cursiva tipo inglesa, aprendidos cuando comencé primaria en un cercano 1948, son como la vida: vencer cada nueva palabra con más esfuerzo para superarla y a su vez aprovechar la oportunidad para pensar. Como en la vida: vencer cada obstáculo que se nos cruza.

Pero me he quedado en el instrumento y se me olvida la música. Ese 22 de noviembre de 1963 no era un día de pleno sol en Waltham, Massachussetts, EE.UU. donde tenía mi residencia. Estaba nublado aunque solo levemente. Había mucha resolana. Era alumno becado por Brandeis University e invitado de Harvard University. Quedaba Harvard en el pueblo vecino de Cambridge, Mass, todos suburbios de Boston. Necesitaba mi licencia de conducir; allá es como un DNI o una cédula de identidad para decirlo a la uruguaya. Conseguí que una pareja de compañeros de Brandeis me acompañara con su Chevrolet Belair ’55 azul Larkspur serie 150 (el modelo más básico y espartano, sin adornos con gomas negras en el parabrisas y luneta, motor V8 Small Block con cambio manual, neumáticos de paredes negras con tapacubos pequeños, alfombra de goma negra) un vehículo ya de culto a pesar de que apenas tenía 7 años. Teníamos cita para la mañana en el Motor Registry de la calle Main en el centro de Waltham. Ahí rendías el examen; nada de academias ni cursos previos. Ibas al Registry, contestabas preguntas orales sobre las señales de tránsito (tráfico aquí en España) y a conducir con un inspector a tu lado. Yo lo hacía muy bien, los coches manuales eran mi especialidad. “No problem with you, son” dijo en examinador. Me dieron la Driver’s license que tanto deseaba y salimos del Motor Registry de vuelta hacia la universidad de Brandeis. Tomamos la misma Main Street del Registry, la calle principal de Waltham. No conozco pueblo de EE.UU. sin una Main o una High Street. Eran las 12 y algo.

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That special grace!

Al salir vi que todo empezaba a transformarse. De pronto la ciudad había perdido sus colores. Ahora todo era de un monocromático sepia agrisado; lo único de color era el azul Larkspur del salpicadero y capot del Chevy. Manejaba mi amigo Steve, su dueño. Algo sucedió en mis oídos y a pesar de llevar las ventanillas abiertas en aquel noviembre de temperatura aún benigna, dejé de escuchar sonidos definidos. Solo había una especie de ruido blanco, un murmullo muy amortiguado que parecía venir de muy lejos, del más allá. Era el silencio del ruido que está y no escuchamos; lo salpicaba el suave run-run del perezoso V8 del Chevy. Parecía que la ciudad estuviera en cámara lenta, muy lenta, lentísima y sin embargo repleta de personas apresuradas yendo a ningún lado. ¿Qué estaba sucediendo?

John F. Kennedy, 35º presidente de EE.UU. había sido asesinado en ese mismo momento. Circulaba en un Lincoln Continental negro convertible junto a su esposa Jacqueline en una motorcade festiva en Dallas, Texas. Moría a las 12:30 del 22 de noviembre de 1963; el día que conseguí mi licencia de conducir americana. Me la habían entregado solo unos minutos antes.

JFKconjacquieEl corto viaje de vuelta a la universidad me pareció que duraba décadas a través de esa cámara ultra lenta en que se había transformado mi existencia. Como el Chevy era básico no tenía radio por lo que debimos preguntar a un desorientado transeúnte qué era lo que estaba pasando. Su información llegaba atrasada; dijo que le habían disparado al presidente Kennedy en la motorcade y que seguía vivo en un hospital de Dallas. Cuando llegamos al campus de Brandeis encontramos a nuestros compañeros completamente consternados. Había incertidumbre en lo significaba el magnicidio, en lo que podía suceder después. En la cafetería encontré a mi amigo Aaron Liberman, estudiante de Ciencias Políticas, mayor que yo. Estudiaba para un Master. Llevaba una barba casi bíblica y nunca le faltaba su kipá. Era miembro del Socialist Club de Brandeis. Siempre conversábamos de temas políticos; Brandeis hervía con esas discusiones; ni más ni menos que Herbert Marcuse era profesor en nuestra universidad. Aaron estaba desmoronado, se había caído desde la alta plataforma de sus creencias. Se torturaba preguntándose cómo podría proseguir la marcha hacia el socialismo en EE.UU. cuando había trascendido que el supuesto asesino era un ex-militante comunista, Lee H. Oswald, alguien que había residido en la URSS. Todo muy perjudicial para la causa que además endurecería a los reaccionarios. Años después de haber dejado Brandeis supe que Aaron era un abogado brillante e inmensamente rico en uno de los más cotizados bufetes de Nueva York. Como en la vida, seguro que venció muchos obstáculos. Chevy55

 

En cuanto a Steve y su novia, el magnicidio no parecía afectarlos más que lo urbanamente necesario. Con su Chevy azul Larkspur brillando en su total coolness, la pipa Briar de raíz de nogal y las chaquetas de Harris Tweed que siempre acompañaba con corbatas de seda (todos usábamos corbata excepto los del club socialista) no iba a cambiar de estilo por eso, como en la vida. Poco tiempo después nuestra amistad terminó bruscamente cuando no pude callar ni evitar el sarcasmo y la ironía que me dominan al expresar puntos de vista críticos respecto a ciertas realidades que notaba y sentía en esa sociedad tan dispar. Aún así, aqueyl Chevy 55 azul Larkspur serie 150 4 puertas con su V8 manual jamás podrá desvanecerse de mi memoria.

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Con Magda en 1963

Los 22 de noviembre son también el día del cumpleaños de mi primera noviecita de estudiante, la brasileña Magda quien probablemente esté disfrutando la vista de Ipanema y los morros cercanos mientras escucha a João Gilberto desde el cielo de Río. Ese 22 cayó en viernes, Magda podía visitarme en mi dorm. Ya estaba combinado días antes. Nos encontramos y le di mi regalo: un elegante paraguas para la lluvia y la nieve de Boston. Nuestro encuentro fue frío; muy lejano de tantos otros que habíamos tenido en mi cuarto de los dorms. No podíamos sustraernos de lo que significaba para nosotros como latinoamericanos el asesinato de JFK. Especialmente para Magda que cumplía sus 21 ese día, que venía de un país de poca estabilidad, el futuro no se le aparecía tan claro. Esa noche no escuchamos ni a Mozart, ni a Bach, ni a Villa-lobos, ni a João Gilberto, ni a Miles Davis; tampoco tomamos el clásico Bénédictine, licor que bebíamos para concentrarnos más en Desafinado, Samba de uma nota só, O pâto, Manhá de carnaval, la concertante de violín y viola de Mozart, el concierto de dos violines de Bach o su sexto Brandenburgués. Una velada sin música, sin licor, sin alegría, sin ilusiones, sin más allá. Solo nos tomábamos la mano como para no perdernos solos. Como en la vida, vencer lo que nos ocupaba la mente no era fácil. Todo aquello que amamos en extremo puede empezar a desvanecerse, gradualmente como si nos lo fueran quitando en pequeñísimas dosis con una jeringa. Nos sentíamos otra vez en América del Sur sin saber realmente dónde estábamos o a dónde íbamos si es que íbamos a alguna parte. Parecía que volvía el pasado.

Y eso fue a pesar de que poseía con orgullo aquella driver’s license gringa mientras sentía el calor de la mano blanca y refinada de Magda.

Valencia, 22 de noviembre de 2019.

Sefarad + Al-Ándalus

“Típico muchacho árabe” y “Típico muchacho judío”yofoto72antesmex

Era otro día gris, frío y lluvioso como sucede casi siempre en Colonia, Alemania. El Rhin de las leyendas es también el de las nieblas y la humedad. Una nueva visita a PHOTOKINA, la gran feria y exposición de la fotografía. El enorme predio de exposiciones Köln Messe, hoy reducido en superficie como también se redujo la icónica Photokina, facilitaba el traslado de los visitantes mediante el uso de autobuses y furgonetas de pasajeros ahorrando quilómetros de caminatas para llegar desde los primeros pabellones a los últimos. Los visitantes VIP (periodistas, comerciantes internacionales y representantes de firmas) teníamos derecho a viajar en esas combis que salían con precisión alemana cada 5 minutos. Dado el inclemente clima, los pocos visitantes que las abordábamos nos metíamos en esos vehículos lo antes posible.

En los días laborables la feria estaba libre de las grandes multitudes de fotógrafos aficionados; éstos venían sobre el fin de semana cuando se admitía al público en general. Al entrar en la combi veo que ya está sentado un señor de edad madura, vestido con un impecabilísimo traje de 3 piezas (por lo clásico debía ser un Saville Row) haciendo gala de una hermosa corbata de seda italiana en colores llamativos pero de absoluta y coordinada sobriedad. Si bien todos usábamos corbata, yo siempre llevaba un blazer negro o azul (un poco a la uruguaya!), algo que no era lo corriente allí dándome, por tanto, un aire menos formal, más juvenil. Como corresponde a la época mi cabello era muy abundante (hablo de fines de los 70 y principio de los 80), castaño oscuro como mis ojos, y lleno de rulos (sí, parecía una permanente de rulo grande… bueno, si conocen a mi hija la cantautora Samantha se darán cuenta de lo que quiero decir). Todos los visitantes VIP llevábamos pendiendo del cuello una tarjeta bastante grande con la identificación destacándose el nombre propio (aun no se usaban los odiosos códigos de barras). Quedamos solo nosotros en la furgoneta Mercedes-Hanomag. Tenía los asientos enfrentados así que nos saludamos y quedé frente a frente a este caballero de costoso traje; éramos los únicos usuarios de la furgoneta. Mi elegante acompañante de ojos profundamente oscuros, bigotes negros prolijamente recortados se fija en mi identificación y lee mi apellido en voz alta: “Navarro!” Enseguida muestra una gran sonrisa y me dice en excelente inglés: “Ahhh, Navarro! That’s a Spanish name! I saw a typical Arab young man in you and thought that you must come from an Arabian family. Of course I know … yes, yes!, all Spaniards are Arab!” (Ahhh, Navarro, ese es un apellido español! Vi en usted un típico joven árabe y pensé que tenía que venir de una familia árabe. Claro, yo sé que, sí, sí … todos los españoles son árabes!). Habíamos vuelto a Al-Ándalus! Hecho el clásico intercambio de tarjetas veo que era el representante de Nikon en Jeddah, Arabia Saudí. Pocos instantes después salió la furgoneta en dirección al pabellón 9 al otro lado del predio de la Köln Messe.moriscosgranada

Día por medio vuelvo a tomar la furgoneta para trasladarme desde el pabellón 1 al 9 como había hecho en la anterior ocasión. Quiero destacar algo del clima de Colonia y es que se presenta muy uniforme, siempre con pocos cambios, o sea que casi todos los días presenta cielos encapotados, frío penetrante, lluvia o llovizna implacable y esto sucede aun en setiembre (otoño alemán) cuando se realiza bianualmente la  Photokina (ver nota *). Repito lo que había hecho dos días atrás tratando de entrar cuanto antes a la combi Mercedes para resguardarme de la inclemente llovizna fría. Al subir me encuentro en el asiento opuesto al mío a un caballero maduro, ojos agrisados y un bigote también grisáceo, elegantemente vestido con un traje de Armani por su gracia mediterránea, hermosa corbata italiana de seda en colores complementarios a su atuendo, zapatos finísimos de un marrón claro brillante que remataban ese aspecto de ejecutivo banquero extremadamente cuidadoso en los mínimos detalles de su indumentaria. Nos saludamos y mientras esperamos la puntual salida de la furgoneta. Entonces mira la tarjeta de identificación que colgaba delante de mi corbata (reconozco que era algo llamativa -atraía las miradas- pues tenía dibujada la cara de Humprey Bogart; la usaba premeditadamente para que aquellos con quienes me entrevistaba no me olvidaran!) y pronuncia correctamente: “Navarro!” Me dice en perfecto inglés: “Ahhh, Navarro! That’s a Spanish name. I was observing you and thought: this young man looks like a typical Jew, surely that you must have Jewish ancestors. Of course, I know … no doubt, all Spaniards have Jewish origins! (Ahhh, Navarro! Ese es un nombre español. Le estaba observando y pensé que este joven luce como un típico judío, seguramente tienen ancestros judíos! Claro, yo sé … sin duda, todos los españoles tienen origen judío!). Y ahora estamos en Sefarad. Hecho el consabido intercambio de tarjetas antes de que arrancara la Mercedes-Hanomag, veo que es el representante de Canon en Tel Aviv, Israel!oznor

Escribo este breve relato en Valencia luego de haber leído un libro de Salvador Aldana titulado “Los judíos de Valencia: un mundo desvanecido” donde, casi en forma de catálogo, da una mirada a los judíos que habitaban Valencia y un análisis más general a los de toda Sefarad (ver**). Esta historia se sitúa tanto antes como después de la reconquista cristiana por el Reino de Aragón bajo Jaume I (para la ciudad de Valencia -Balansiya en árabe- fue en 1238. la primera piedra de la catedral fue colocada en 1292 en el lugar de la gran mezquina). La Aljama de Valencia, como se denomina a todas estas entidades que agrupaban con carácter jurídico a los judíos de los distintos asentamientos del Sefarad, quedó vacía luego de la derrota de los musulmanes. Por esto Jaume I hizo venir a judíos de otros lugares para repoblarla; esta operación no resultó ser del todo satisfactoria. Un hecho digno de recordar es el asalto y casi total destrucción de la Aljama valenciana en 1391 (solo 10 años después del comienzo de la construcción de la torre del Micalet) como consecuencia de una revuelta cristiana. Estos sangrientos desórdenes se dieron en casi toda la España cristiana por esa época. Como siempre eran instigadas por el clero sumado a los elementos de odio tal cual los malos políticos de hoy. Estas revueltas iban en contra de los intereses y deseos de los reyes cristianos pero no fueron capaces de detenerlas. Era justamente de las Aljamas donde estos reyes recibían más fondos por concepto de tributos e impuestos. La gran actividad comercial y financiera que tenía lugar en esas jurisdicciones producía esos fondos que los reyes cristianos tanto necesitaban para sus lujos y sus guerras. Miles de judíos, musulmanes y sus atacantes cristianos fueron asesinados en la brutal limpieza religiosa de 1391 (destaco que tampoco se salvaban los conversos o sean los cristianos nuevos en oposición a los cristianos viejos, aquellos que lo habían sido siempre)! En Hispania, Iberia, Sefarad, Al-Ándalus o España como la llamamos hoy vivían más de un millón de judíos. Tengamos en cuenta la población total de la época y veremos que el porcentaje era muy grande. El caso de Valencia no se mostraba así: el predominio de los musulmanes era bien notorio hasta la conquista de Jaume I. Recordemos que luego del decreto de expulsión de judíos y musulmanes de la reina Isabel La Católica de 1492 se calcula que dejaron España unas 160.000 personas. Solo del puerto de Valencia (está documentado!) salieron unos 10.000 judíos. En cuanto a los moriscos, ya se habían estado yendo con destino al norte de África desde que comenzó la reconquista cristiana en el siglo XI.

El mediterráneo ha sido escenario de enormes migraciones (lo sigue siendo) desde tiempos prehistóricos. El caso de Iberia, para distinguirla por su nombre más genérico, ha sido  colonizada, conquistada, invadida y mestizada por una gran cantidad de pueblos, mediterráneos primero y más tarde por los de otras partes de Europa (ver ***). Asimismo los llamados celtas-íberos, vascones y otros, etnias originarias resultan a su vez de mestizajes que se fueron produciendo desde tiempos muy remotos, quizá ya antes de los neandertales (homo neanderthalensis) del quienes todos aún tenemos algo en nuestro ADN (alrededor del 4% y más en ciertos casos), agreguemos los denisovanos, heidelbergensi y muchos otras sub-especies que se van descubriendo y ampliando el conocimiento en nuestros tiempos ayudados de las nuevas tecnologías.joantimonedagrabado

Por eso estos caballeros, elegantes comerciantes del siglo XX que visitaban la Photokina refiriéndose a mí como: “típico muchacho árabe” y “típico muchacho judío”,  viniendo de territorios en continua beligerancia no dejan de ser parientes muy cercanos (quizá por eso se pelean tanto…). Muestra como todos somos los mismos al fin y al cabo. Y como escribía mi querido valenciano Joan de Timoneda (1490?-1583? acólito catedralicio, impresor, editor, escritor, dramaturgo, poeta, zurrador de pieles, dueño de una lonja de libros) refiriéndose a sus relatos e historias “de apacibles y graciosos cuentos, dichos muy facetos y exemplos acutísimos para saberlos contar en esta buena vida”. Disfrutemos nuestra intrincada diversidad!!!

* La feria de PHOTOKINA siempre se hizo en años pares o sea cada dos años. A partir del 2020 será todos los años debido al acelerado ritmo de los avances tecnológicos.
** Sefarad se entiende como la península ibérica. Es un término que se empezó a usar luego de la expulsión de 1492 aunque hay una referencia bíblica en el libro del profeta Abdías: “Los deportados de Jerusalem que están en Sefarad, heredarán las ciudades del Neguev”. Es recién Jonathan ben Uriel en el siglo I DC que identifica a Iberia con Sefarad. Seguramente ya habían comunidades judías desde tiempos fenicios en las múltiples factorías que tenían en la costa mediterránea y naturalmente en las costas de la futura Hispania.
*** La península Ibérica es justamente uno de los lugares donde desde tiempos históricos han habido más invasiones y conquistas. Empecemos por fenicios, etruscos, cartagineses, sigamos con griegos y romanos hasta que llegan diversas tribus germanas y del este de Europa: son vándalos, suevos y visigodos (estos últimos se asentaron en Iberia y cerca de 500 años!). A éstos los conquistan musulmanes quienes mantienen distintos entidades territoriales como el califato dentro del imperio de Siria, reinos taifas, reinos independientes y otros hasta el siglo XV; reinos que fueron reduciéndose desde el siglo X.

Olor a bar de copas

Hace unos días un amigo de Buenos Aires, alguien muy ducho y experimentado en lo de poner pensamientos en palabras y palabras para construir pensamientos, me recordaba de unas combinaciones de bebida típicas de Uruguay. Resulta que estaba escribiendo una novela que comenzaba en mi pequeño país; esa esquina lejana de América del Sur con vista al mar, exportador de jugadores de fútbol, bien definido por los brasileños como provincia argentina enclavada en territorio del Brasil… Los brebajes de los que me hablaba mi amigo eran el ‘Medio y Medio’ (nota 1) originado en el bar/sandwichería Roldós del Mercado del Puerto de Montevideo y la caña con vermú a la que bautiza como “medio y medio reo” (nota 2). La caña uruguaya (nota 3) se corta con un poco de vermú del más barato, así como con amarga, fernet, o jerezano; también se la sirve macerada en frutos autóctonos como la pitanga o el butiá que se introducen en la propia botella. Luego de las notas al final de este escrito transcribo un poema gauchesco de Guillermo Cuadri sobre los usos criollos de esta bebida titulado “La Caña – Santos Garrido”.

La caña fue una constante en todos los bares de barrio de la ciudad y especialmente del interior del Uruguay donde es posible encontrarla hasta hoy día. Quedan unas pocas nobles instituciones llamadas bares de copas sirviéndola, aquellas que llamamos de “rompe y raja” en la periferia de Montevideo y algún bar caro a la moda en los que por un lado la beben endurecidos bebedores habitués mientras que por otro la piden unos pocos snobs. Aclaro que en la jerga yorugua (uruguaya en lunfardo) se denomina ‘bar de copas’ a aquellos donde los parroquianos van básicamente a beber eso: ‘copas’ de bebidas alcohólicas. Son bastante menos en el Uruguay del siglo XXI pero aún quedan unos cuantos; los ‘acodados’ parroquianos (los clientes toman de pie ‘acodándose’ en los mostradores) donde mayormente beben whisky barato, tanto nacional como algún escocés más bien rasposo!

El bar de Pepe (Guiseppe en su original italiano) quedaba en la esquina de la misma manzana que el taller de mecánica industrial donde trabajaba mi papá. La entrada estaba en la ochava de las calles Gobernador del Pino y Dr. Vázquez Sagastume en el barrio de La Victoria, al lado del de La Teja; barrios obreros del Montevideo de posguerra con miles de casitas individuales de residentes propietarios. El edificio del bar de Pepe sigue en pie aunque no está ocupada por ningún comercio. Era otro bar entre los miles que había en el Uruguay de los 40; establecimientos que duraron de forma más o menos numerosa hasta los 80; luego fueron desapareciendo y hoy son una rareza. Han sido sustituidos por pizzerías con planchas chiviteras (nota 4) para comidas rápidas. Se toma mucha cerveza, refrescos azucarados u ocasionalmente algún whisky pedido por parroquianos veteranos. El bar de Pepe tenía dos cosas inusuales para la época: el almacén que atendía su mujer estaba separado y sin acceso directo desde el bar; lo otro era que Guiseppe vino de Italia, algo bastante extraño en Uruguay donde los dueños de casi todos los bares de Montevideo eran españoles de Galicia. El local lucía común y corriente; otra construcción anodina sin ningún detalle que la diferenciara de miles similarmente simples, económicos y casi invisibles en esa masa de modestas construcciones anónimas del perfil urbano de barrios como ese. No tenía afuera ni letreros de neón ni de otro tipo que lo identificara; solo un par de chapas metálicas litografiadas clavadas en la pared con propaganda de dos populares refrescos de aquellos años: la gaseosa Limol y la naranjita La Salteña.

Una vez adentro del bar nos recibía el clásico mostrador formado por una pared vertical de mármol muy veteado de tonos morados y blancos; en la parte superior estaba el mostrador propiamente dicho hecho de uno liso y blanquecino. Todo ese mármol era nacional, el más barato. Ese mostrador tenía forma de L con una vitrina montada sobre su parte más corta donde se guardaban los bizcochos para el desayuno; refrigerio que muchas veces consistía en una caña o grappa con un par de ‘curasanes’ o ‘pan con grasa’ nunca en plural. Factura o fatura en el hablar popular, hechos con rigurosa grasa vacuna; los repartían con un carro de caballo desde la panadería con horno de leña del mismo barrio. Pepe tenía una máquina de café expreso italiana que sólo ponía en funcionamiento en las mañanas para servir a aquellos que no se animaban con las bebidas alcohólicas tan temprano. Ahhh, no puedo olvidar que también en la vitrina estaban los huevos duros; no existían ‘bares de copas’ sin los omnipresentes huevos de cáscara blanca. Todo el tiempo que acompañé a mi padre al bar (obviamente por encargo de mi madre para que no prolongara demasiado su ‘acodamiento’ después del trabajo) nunca pude entender cómo alguien podía zamparse un huevo duro así como así, solo y sin nada. Pepe no ofrecía ni sándwiches ni bocadillos ni siquiera papas fritas o maníes (cacahuates) en aquella época. Recién de adulto me enteré que los huevos duros se comían para mitigar el efecto de haberse pasado de copas!

En la apasionante serie de novelas de aventuras del Capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte cada vez que habla de una taberna en aquella España del siglo XVI nos detalla su olor. Hace lo mismo con respecto a los soldados de aquellas luchas sucias en el más amplio sentido; sucias en el comportamiento como todas las guerras y sucias por la falta de un aseo mínimo. Yo podré contar del olor de un bar pero no del olor del hombre en guerra pues, a diferencia de don Arturo, nunca estuve ni cerca de una. Sí participé varias veces en aquellas batallas de agua que se hacían en los carnavales de mi niñez en los calurosos febreros de Montevideo. Allí no había olor pues se tiraba tanta agua a baldazos que si alguien no se hubiera bañado en el último año quedaba libre de cualquier aroma ofensivo! Es que los olores constituyen la sensación que va desde su captación sensorial al cerebro en la forma más inmediata y directa; no se pierden así no más. Les relato el hecho de recordar estos aromas casi como lo más intenso que siento de mis memorias de la niñez y adolescencia. De ahí el título de esta nota: “Olor a bar de copas”.

Sé cómo olía un mecánico tornero o un soldador que eran los oficios de mi papá. Hoy nos puede resultar más familiar los que emanan de mecánicos de autos, pero aquellos de mi papá y su taller eran muy diferentes. Es que no habían fluidos como gasolina o gasoil ni aceites de motor. Los lubricantes para las máquinas estaban en aceiteras muy esbeltas, elegantes y bien cuidadas; eran objeto de mi curiosidad y admiración cuando niño. Las chispas eléctricas de los motores de los grandes tornos y del pesado equipo de soldadura electrógena por arco voltaico producían un olor muy peculiar, muy parecido al que se percibía en los viejos tranvías de Montevideo. Cuando por algún motivo se olfateaba eso en una casa, probablemente como consecuencia de un mal contacto eléctrico en algún enchufe, lo llamábamos “olor a tranvía”. Los tornos desprendían además otro aroma quizá más sutil, el de las rebarbas muy calientes de metal nuevo y brillante que se producían a medida que iba labrando el acero con su “vidia” (herramienta para desbastar los metales) al interactuar con el líquido de enfriamiento que yo llamaba leche por su color blancuzco. Seguro que no era más que agua con algún aditivo para mejorar su función refrigeradora.

Pero es el olor del bar de Pepe, ese único e imborrable recuerdo que quiero evocar. Un recuerdo que, como toda sensación olfativa que por alguna razón nos queda grabada en la mente, es tan permanente como una incisión en granito. El olor en lo de Pepe era un vapor de carácter indefinible; una atmósfera producto de la mezcla de diferentes cosas. Por un lado estaba el humo de cigarrillos negros fuertes, baratos, sin filtro como los Republicana. Por otro el aroma inconfundible de la grappa Ancap con limón (nota 5), el brebaje favorito de la mayoría de los parroquianos. No eran épocas de cerveza; se la bebía más bien en verano incluso por parte de mujeres y niños en fiestas de casamientos, cumpleaños y para Navidad (pleno verano austral). Eso sí, el bar de Pepe ofrecía bebidas de ‘hombre’ o sean destiladas, algún refresco para niños como yo y la mujer que ocasionalmente se atrevía a entrar acompañando a un parroquiano. Mi refresco favorito de entonces era la Citral, mezcla de agua mineral Salus con algo de limón natural y poca azúcar; un gusto muy diferente a las gaseosas o “graciosas” como se las llamaba en ‘chamuyo lunfardo’ (nota 6). Otra constante en el bar de Pepe era el vino tinto Harriague (nota 7) que venía suelto en damajuanas de 10 litros y mi papá decía que era muy bueno y lo llevaba a casa para las comidas del mediodía. En bares de menor categoría (Pepe mantenía un nivel después de todo) se ofrecía el vino “frutilla”, muy barato, hecho con uvas llamadas “chinche” por su pequeño tamaño y de gusto levemente frutado. El vino, así a secas y sin más especificación, se servía en grandes vasos de refresco de unos 250cc. Según los que tomaban caña o grappa eso era para los ‘pobres’ (me pregunto entonces, qué eran los ellos mismos si no asalariados igualmente pobres). Se menospreciaba por parte de los parroquianos habituales a los que tomaban vasos de vino como pordioseros, y generalmente lo eran. También estos parroquianos solían acodarse algo alejados hacia el extremo del mostrador como aislándose de los otros bebedores. En cuanto a diversión no eran tiempos de máquinas tragamonedas u otros engendros electromecánicos; para entretenimiento estaba la baraja. No había mesa de casín o billar, eso era más para los establecimientos pitucos del centro. Se jugaba a la conga sobre las mesitas con tapa de mármol blancuzco como el del mostrador que estaban armadas sobre cuatro patas de madera barata. En lo de Pepe ni siquiera se jugaba mucho al truco; era un juego muy popular en los clubes de bochas y otros llamados ‘sociales’. Quizá porque el truco, y la modalidad jugada en Uruguay, requería mentes más alertas…

Las bebidas se servían en pequeños vasos de unos 40cc de forma cónica con fondo plano. El cantinero las llenaba hasta el mismo borde. Para lograr esto y dejar contento el cliente, la mayoría de las veces se pasaba de la medida derramando el líquido. La grappa con limón quedaba sobre el mostrador aumentando con su lenta evaporación ese perfume tan particular. Pepe, a quien nadie llamaba Guiseppe y siempre de riguroso usted, no era muy fanático del uso del fregón para secar facilitando así que los efluvios de la bebida caída sobre el mostrador se propagaran más. Completaba la mezcla de aromas el del aserrín desparramado en el piso junto al mostrador; estaba siempre allí pero se le veía más abundante en los días de lluvia. El objeto de este aserrín era absorber los cuantiosos escupitajos de los parroquianos. No sé si la combinación de fumar mucho y sin filtro sumado al frío húmedo de Montevideo fomentaba la producción de esa enorme cantidad de flema que, finalmente, terminaba siendo absorbida por el perfumado aserrín. Parece que las escupideras colocadas en los extremos del mostrador no solo quedaban lejos sino que moverse hasta ellas habría significado la pérdida de la cómoda posición del bebedor acodado en el mostrador.

Años después, por circunstancias que no explicaré aquí, me vi en la necesidad de conducir camiones para repartir mercaderías en comercios del interior del país (que indefectiblemente tenían una parte de almacén/despensa y otra de bar); repartos que me llevaron por las cuchillas de parajes poco conocidos y villorrios alejados de las carreteras. Un interior no tan lejano de Montevideo en quilómetros pero lejos del mundo de aquel entonces. Aun así ya eran los 70, tiempos que iban cambiando. Se empezaba a tomar whisky y la propia Ancap tenía ya una bebida más refinada llamada Espinillar (nota 8) para tomar con hielo. Todavía llevábamos en el camión buena cantidad de caña común y grappa, brebajes para criollos de ley como se diría en una canción folclórica. Yo era chófer y me acompañaba un peón; entre los dos descargábamos las mercaderías a lo largo del reparto. De vuelta traíamos los envases vacíos ya que tanto las bebidas de Ancap, el aceite comestible y muchos líquidos para limpieza, se envasaban en botellas retornables de vidrio que luego de lavadas se volvían a utilizar; procedimiento muy ecológico de acuerdo a parámetros actuales! Las botellas de grappa Ancap nos daban un poco más de problema ya que muchas veces nos las entregaban aun con las espirales de las cáscaras de limón que ponían dentro para hacerla al gusto de los tomadores. Una vez de vuelta al depósito tanto los peones como los choferes que no teníamos otra tarea por hacer nos poníamos a pescar las cáscaras de limón de las botellas; si no iban vacías Ancap no las aceptaba de vuelta y se perdía el depósito.

A la llegada del atardecer, ya concluida la jornada de trabajo estábamos agotados; habíamos cargado y descargado un gran número de sacos de azúcar de 50k, de harina de 60k, rollos de alambre, casilleros de 20 botellas de aceite comestible, otros de grappa y caña, bolsas de sal de 25 y ocasionalmente de 50k, éstos de sal ‘rota’ para la carneada del chancho en invierno así como cajones de tripas para hacer embutidos y la más variada mercadería general. Eran unas 7 toneladas que transportábamos en aquel veterano camión Ford Thames inglés de 6 cilindros; lo llamábamos el “Chanchito” por la peculiar forma que tenía su frontal. Al fin de la jornada laboral al atardecer llegaba la hora del mate amargo. Nunca bebí mucho mate pues no le caía bien a mis tripas; chupaba unos pocos junto a mi acompañante y rápidamente me iba a la pulpería-cantina-bar-restaurant para cenar pues había que dormir bien para volver al reparto temprano el próximo día. El dueño del lugar, que era también nuestro cliente, nos invitaba a beber un aperitivo antes de cenar. Yo pedía, para no abusar de su generosidad ni pecar de extravagante, una ‘caña con vermú’; me parecía que al cortarla con vermú estaba disimulando su catinga (gusto fuerte desagradable) que le sentía a esa bebida y así podía enfrentarme al aperitivo sin desairar a quien nos invitaba. Tomar caña era de hombres de verdad; los debiluchos y las mujeres optaban por el vermú mientras que el vino, como ya señalé, era para pordioseros… De allí mi experiencia con esa bebida hosca de criollos, la caña Ancap. Ya de antes de lo que cuento el ente oficial de la bebida alcohólica en Uruguay ofrecía para los nuevos bebedores que se iban sofisticando, no para los parroquianos del bar de Pepe, la caña añeja, la añeja especial y luego vino el refinamiento máximo con el (o la?) Espinillar así a secas, la que se tomaba con hielo, como el whisky.

Pero el olor del bar de Pepe no lo perderé nunca. Salú compañero!

Mario A. Navarro
Valencia, 6 de octubre de 2019PAYADORES MOSTRADOR

Notas y poema:

• 1 – Medio y Medio es la mezcla en partes iguales de moscato espumante y vino blanco Sauternes. El moscato espumoso era de tipo dulce (había un demi-sec también), originalmente de la antigua bodega Faraut de Manga en Montevideo (1895-2002).
• 2 – Medio y medio ‘reo’ figura en Wikipedia con el significado que le da mi amigo escritor pero jamás lo he escuchado en el hablar uruguayo o sea ‘chamuyo yorugua’ en lunfardo (ver nota 6). Quizá Wikipedia se haya hecho eco de un neologismo o más bien, de un ‘pitucoismo’ (perdón RAE)!
• 3 – La caña uruguaya es un aguardiente destilado de la caña de azúcar de un color amarillo-dorado como el color de un té negro no muy cargado. Tiene 40º, su gusto es entre amargo y dulce a la vez, quizá por el agregado de caramelo.
• 4 – Plancha chivetera es una superficie profesional tipo grill muy común en cualquier restaurante pero que debe su nombre al ‘chivito’ uruguayo: un sándwich de lomito con muchos agregados en el pan que lo forma.
• 5 – ANCAP es un Ente autónomo del Estado Uruguayo: es la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland. Aún hoy detenta el monopolio de la refinación y venta de combustibles. En la época del relato también tenía el monopolio de la producción de cañas y grappas.
• 6 – Chamuyo: habla, conversación; para la RAE: “palabrería que tiene el propósito de impresionar o convencer” [el autor discrepa con esta definición]. Y seguimos: según la RAE el lunfardo es “jerga empleada originalmente por la gente de clase baja de Buenos Aires, parte de cuyos vocablos y locuciones se introdujeron posteriormente en el español popular de la Argentina y el Uruguay”. Agrego: dado el alto porcentaje de inmigración italiana hacia Argentina a fines del XIX y principios del XX, el lunfardo está repleto de términos venidos del italiano y especialmente de sus dialectos hablados en Nápoles y Catania. Además, la entonación del español-porteño (el de Buenos Aires) suena más a italiano que a español-castizo.
• 7 – Harriague, Pascual: inmigrante vasco-francés (nacido en 1819 en Hasparren, Bajos Pirineos, fallecido en 1894). Vino a Uruguay en el siglo XIX y abre una bodega en Salto (noroeste de Uruguay) en 1860. Luego de varios fracasos importa sarmientos de la cepa Tannat, originaria de Madiran, zona cercana a su lugar de nacimiento, obteniendo exitosos resultados en 1874. La noble y fuerte cepa Tannat se ha adaptado al clima y suelos del Uruguay con niveles de calidad similares y aún superiores a los de su región original. Tres o cuatro décadas atrás la cepa Tannat era aún nombrada en Uruguay por el nombre de su introductor: Harriague.
• 8 – Espinillar (a secas) es una bebida más refinada destilada también de la caña de azúcar y elaborada como el ron.
• Poema gauchesco “La Caña – Santos Garrido” (de Guillermo Cuadri):

Es a usté mesmo paisano,
que lo quiero aconsejar;
tengo ganas de versiar
y está liviana la mano.
Como viejo soy baquiano
y la vista no m’engaña;
la vida me dió más maña
que a petiso chacarero;
ansí abra el ojo, aparsero,
vi’á’blarle sobre la caña.

¡La caña! ¡Dioses benditos!
Sólo al nombre, compañero,
se me pon’el tragadero
como p’haser gorgoritos.
La sensia, con sus escritos,
dise de tuita sabensia;
áhura li habla la esperensia
d’este gaucho, duro y viejo.
Siga nomás mi consejo
y riasé de la sensia.

¿Que tien’el pecho serráo
y tuese com’una oveja,
y se áhuga porque lo aqueja
un machaso refriáo?
Ya está el rimedio encontráo,
viejo, no le quede duda:
medesina macanuda,
-juera de tuita pavada-
es chupar caña quemada,
con un güen “taco” de cruda.

Si hase tiempo enfermo está
sufriendo’e la “pajariya”,
pá eso es una maraviya
la caña con arasá.
Tamién caña con gutiá
es güena pá muncha cosa,
y si el dolor me lo acosa
y en el cuerpo se l’ensaña,
misture un frasco de caña
y “esensia maraviyosa”.

¿Que su china “campanuda”
está enferma de la “madre”?
No se me asuste, compadre,
y dele caña con ruda.
Verá como pronto suda,
y hasta el cuerpo se le baña;
p’haserle güena campaña,
-es justo que se lo diga-
le acomoda en la barriga
un trapo mojáo con caña.

Si la boca siente asquiada
del tabac’o de otra causa,
haga unos buches, con pausa,
de caña con limonada.
Cuando la pans’afetada
de dolores, tenga usté,
no se me arroye, por qué,
no se v’a morir del chucho,
y áhi nomás, y sobr’el pucho,
tome caña con ferné.

Si tien’en el pecho un “taco”
de flemaje alborotáo,
no se abatate, cuñáo,
métale caña con guaco.
¿Que s’está poniendo flaco
y el disgano lo acompaña?
Se li ha d’entonar la entraña
si usté aseta mi consejo,
y dispasito y parejo
hase gárgaras con caña.

Si un rival sigue su güeya
y algún miedo lo acompaña,
eche pólvora en la caña
y haga escarsiar la boteya;
que dispués no li hase meya,
ni un hombre, ni un batayón;
y es capás, de sopetón,
si la pisada no chinga,
de sambuyile a Mandinga
hasta la crus el facón.

¿Que su china, en malas tretas
“se alsó como leche hervida”,
y al amargarle la vida
“lo hiso arar con las peinetas”?
¡Busqu’en los libros, resetas,
pá ese dolor que lo daña!
¡Que pá disgrasia tamaña,
pá no morir de dolor,
no hayará nada mejor
que prendérsele a la caña!

¿Triste, com’un día de yuvia,
tien’el alma desolada?
¡Meta caña, camarada!
que ansí el dolor no lo engubia.
Que la caña por ser rubia,
tiene muncho de mujer,
y nos agranda un plaser,
y nos achica una pena…
¡Si al haser cosa tan güena
Dios supo lo qu’ib’haser!

Cuando perdemos la calma
por algún dolor projundo,
y crémos que tuito el mundo
se nos echa sobr’el alma,
¡cómo se ajunta y s’empalma
tuito el dolor en la entraña!
Pero ese duelo, esa saña
qu’en el corasón se afierra,
se ha de dir a la gran perra
si se le priende a la caña.

¡Si hase bién de muchos modos!
¿V’a declararse a una china?
¡Métale caña, que ansina,
le charl’hasta por los codos!
¡Por eso es, viejo, que todos,
más o menos l’han bebido!
Y áhura, paisano, le pido,
si me topa en su campaña,
le pague un vaso de caña
pa’l viejo SANTOS GARRIDO.

Septiembre de 1959: ¿por qué toco fagot?

Sonó la tradicional campanilla del sólido y pesado Ericcson de cables de tela y gruesa bakelita negra. Me apuré a contestar para que no llegara a despertar a mi padre que hacía su clásica siesta de todos los días. Era la media hora de sacrosanto silencio que le permitía recuperarse luego de la comida del mediodía, un cigarrillo Republicana sin filtro, una hojeada al periódico de la mañana y así para poder encarar el trabajo de la tarde. Eran esas comidas típicas que hacía mi madre en casa, como en todas las casas de aquellos años cincuenta; comidas que mi padre acompañaba con un generoso vaso de vino tinto Harriague de damajuana (hoy la cepa insignia de Uruguay, Tannat, originaria del país vasco francés). Una vez que recité la respuesta como siempre:

–familia Navarro Pizzo, ¿con quién desea hablar?–.
Al levantar el tubo oigo una voz que me resultaba conocida que me dice:

–Hola, ¿está Mario?— Le respondo que sí, que era yo mismo quien hablaba. Entonces prosigue:

–Mirá, soy Arturo López y te quería decir algo respecto al concurso (sería oposición en España) de la OSSODRE * (ver nota al final)  al que te apuntaste—

Arturo era una persona de mayor edad que yo, que tocaba (o hacía lo posible) un fagot tipo francés, y a quien conocía por haber actuado con él en alguna zarzuela u orquesta mayormente de aficionados como yo, en mi caso haciendo pininos en la silla de segundo. Le contesto que me dijera de qué se trataba pensando que podía aparecer algún rebusque en una zarzuela o algo así. Aclaro en este punto que yo estudiaba fagot en forma particular con Gerhard Hase, un alemán relativamente joven que había hecho venir a Montevideo el director Erich Kleiber para que tocara de primer fagot con la OSSODRE ya que no gustaba de los fagotistas que la integraban. Hase no tenía otros alumnos ni daba clases en el conservatorio. Tampoco pasaba por mi cabeza la idea de transformarme en músico profesional como explicaré más adelante. En seguida me espeta:

–Tengo que pedirte que no te presentes al concurso pues hace ya un tiempo que “nosotros hemos” decidido (las comillas son mías) que ese puesto es para mí— (se trataba de la posición de contrafagot y cuarto fagot de la OSSODRE).

A lo que respondo que no sabía quienes eran esos “nosotros” (aunque para mis adentros podía intuir que se trataba de su profesor y el grupo de alumnos del conservatorio) así que por tanto le dije que me iba a presentar… chau y que pases bien. Fin de la conversación y fin de la llamada! Como ven todas las orquestas son más o menos iguales en formar camarillas aunque nunca llegan a los extremos del ambiente de la ópera y sus cantantes… Así me quedó claro que tenía que presentarme, no ya como estudiante de ingeniería que se divertía un rato, sino como un concursante en serio. Gracias Arturo, estés dónde sea que “La Fuerza” o lo que se les ocurra te haya mandado, me diste el empujón que me faltaba!mariofagotbonino

Incentivado por llevar la contraria y demostrar lo que creía justo, me presenté al concurso aquel 30 de setiembre de 1959. Tenía 17 años, tres y medio de los cuales había estudiado como pasatiempo el fagot. Toqué con empeño y cuidando el sonido (cosa que me preocupaba especialmente en el contrafagot); fue todo lo que pude en ese concurso para la OSSODRE, de esto hacen hoy 60 años! Pero parece que todo salió muy bien puesto que gané el concurso con la aprobación unánime del jurado (que incluía a un conocido director italiano de la época, Lamberto Baldi; el director artístico de la OSSODRE y pianista de actuación internacional Hugo Balzo y el solista de clarinete de la Sinfónica Gerardo Forino (en carácter de representante de los concursantes). Recuerdo que mi profesor me decía que el maestro Forino era del grupo de los llamados “nosotros” por Arturo López pero poco nos importó pues sabíamos que era un buen músico así que cuando me piden que vote un delegado elijo al mismo de los otros concursantes o sea, al Sr. Forino. En esa prueba también se buscaba un segundo fagot (puesto al que no me presenté) y ganó con total solvencia y también por unanimidad del jurado Filiberto Núñez, padre del conocido fagotista Gustavo Núñez del Concertgebouw de Amsterdam.
Pero entonces, ¿por qué un estudiante de ingeniería que hacía música como una diversión más aquellos sábados o domingos de tarde tocando tríos (divertimentos de Mozart) y cuartetos (de Rossini) con compañeros estudiantes de unos cursos superiores en ingeniería (dos clarinetes y una trompa), se engancha a practicar contrafagot para un concurso de la orquesta nacional del país? No era mi pasión este instrumento y más bien trataba de disimular su timbre hosco y poco atractivo. Aunque nunca había tocado contrafagot practiqué para el concurso aunque sin exagerar: un total de 15 horas con el instrumento para el concurso. Eran más de las pocas horas que habitualmente dedicaba por semana al fagot. Por suerte mi madre me acompañaba al piano así resultaba bien fácil ensayar en casa. Recuerdo que tocamos el concierto de Mozart en el fagot y luego yo solo en el contrafagot  la parte de ‘La bella y la bestia’ de ‘Mi madre la oca’ de Ravel. Sé que toqué otras obras pero no recuerdo ahora. Me viene a la cabeza un comentario que me hizo el maestro Balzo al cabo de un tiempo de estar en la OSSODRE, cuando le comenté que deseaba irme al exterior y probar suerte por el mundo. Entonces me dijo:

–Mirá Marito, no te queremos perder como miembro de la Sinfónica. Cuando tocaste en el concurso y en las posteriores intervenciones actuando ya junto a la sinfónica, el Maestro Baldi dijo que eras en mejor contrafagot de América!— No le contesté nada pero me fui quedando…

ossodremitchelEsto parece un auto-panegírico pero es que los hechos fueron así **(ver nota al final). Aún en ese entonces la OSSODRE era una gran orquesta reconocida internacionalmente; visitada y dirigida por grandes personalidades musicales del mundo. Tuve la suerte de tocar con figuras legendarias como Hermann Scherchen, Jasha Horenstein, Kiril Kondrashin, Howard Mitchell, Enrique Jordá, Henrik Swoboda, Lazlo Szomogyi, Witold Wislocki y tantos otros que hoy parecerían etiquetas de discos de pasta y vinilo! También con un sin número de solistas del mismo nivel, muchos a quienes he recurrido por su maestría como ejemplo en mis clases de interpretación y estilo.

Aún no aclaré la razón de mi elección del fagot como instrumento. Verán que es simple y entendible. No fue por vocación hacia el fagot; jamás lo había pensado hasta que la conjunción de ciertas cosas se dio. En mi casa siempre se hizo música siempre; estoy seguro que venía escuchando al Bach-Busoni que estudiaba mi mamá en el piano ya desde mi estancia en carácter de prebebé en su panza. Tocaba mucho Bach pero también Turina, Albéniz, Guastavino, Mozart, Chopin y el Ginastera de la primera época. Mi mamá acompañaba a varios violinistas así que Fritz Kreisler, Sarasate, Beethoven, el aria de la cuarta cuerda como lo llamaba mi tía violinista luego violista (era el arreglo para violín y piano del Aria de la Tercera Suite de Bach) y varias tantas otras obras conocidísimas me resultaban muy familiares aún al paso de los años. Comencé a estudiar piano de pequeño con solo 4 años; de hecho podía leer música mucho antes que palabras (notas a los cuatro mientras que seis para las letras). Llegué a los 11 años sin mucha afición por ese instrumento  aunque había llegado a tocar algún Scarlatti, Clementi, Bach y Mozart. Así que dejé de estudiar piano.  Un abandono que hoy deploro y no puedo llegar comprender cabalmente.

Como hacer música era un hecho no solo natural sino que se sentía como una necesidad en mi casa, mi madre, y en cierta medida yo mismo, llegamos a preocuparnos. Luego de un tiempo de no hacer nada con la música más allá de escuchar, llegué hasta tomar unas pocas clases de acordeón para ver si un instrumento de corte popular me entusiasmaba. La verdad es que fue mucho peor terminando por odiarla. Con un año más, y también más adolescente, me empecé a aficionar al jazz. Mi primo mayor, el hoy arquitecto Enrique Fraga Pizzo, siempre un músico nato (hasta hoy que con 85 años sigue tocando tangos a 4 manos con su musicalmente muy dotado nieto) era un entusiasta del jazz en aquellos años 50. Él me daba nombres y pautas para escuchar en la radio los temas y los conjuntos más interesantes. No teníamos tocadiscos, solo la radio de AM; la emisora era Radio Femenina (así se llamaba!) donde pasaban un programa de jazz sin ningún comentario más allá del nombre de la pieza y los intérpretes. Eran grabaciones muy surtidas de estilo e intérpretes, desde el Dixie primitivo, pasando por el Hot Club de París y hasta las Big Bands de los 40 y 50. Por suerte e transmitía de las 12:30 a las 13:00 justo antes de la sagrada siesta de mi padre! Gracias a mi primo Enrique pude ir a inolvidables conciertos en directo como los de Louis Armstrong y Dizzy Gillespie aparte de varias visitas al Hot Club de Montevideo. Entusiasmado por el jazz (y enamorado del sonido romántico de la trompeta de Harry James en The Man I Love y la brillantez que había escuchado de Cardozo en la propia OSSODRE tocando Petrushka justo con el acompañamiento del fagot o los ‘paseos’ de Cuadros de una exposición) le digo a mis padres que me gustaría estudiar la trompeta y esta vez en serio.

Tenía ya 14 años y sabía bastante de música por mis siete años de piano, todo lo cual facilitaba las cosas. Entonces se le ocurre a mi madre que el esposo de su íntima amiga, la soprano Olga Seitone, quien era el primer fagot de la OSSODRE, seguramente podría presentarme al gran Wifredo Cardozo, solista de trompeta y reputado como uno de los mejores especialistas del instrumento de toda América. En su juventud había tocado en la banda de Pérez-Prado (¿recuerdan el Mambo No.5?; él está tocando en la filmación de B&N, es el de gafas con borde negro grueso). Quiero destacar que el matrimonio Hase-Seitone vivía casi enfrente a mi casa apenas cruzando la calle desde la esquina, solo a unos 50m. Conocía bien a la pareja pues venían muy a menudo, sobre todo Olga a practicar partes de las óperas que cantaba. De vez en cuando oía a Gerhard tocar en mi casa al repasar obras de fagot con piano; mi mamá acompañaba a ambos con gusto. Yo escuchaba como siempre, sin intervenir, tal cual lo hacía desde que estaba en su panza… Entonces me decidí y finalmente fui a visitar a Gerhard a su casa para pedirle que le hablara al maestro Cardozo de mi deseo de empezar a estudiar trompeta. Me atendió muy amable y se ofreció a introducirme a su gran amigo Wifredo de modo que podría combinar para tomar clases en un conservatorio del centro de Montevideo. Al irme, luego de charlar un corto rato sobre mis estudios de ingeniería, me señala su fagot que estaba apoyado en una esquina de la habitación y me dice en su chapuceado español:

–Mira Magggrito: qué lindo es el fagot; cómo brilla la plata de las llaves contra la madera roja! ¿no gusta estudiar fagot?—

Me quedé pensativo un rato mientras mi cabeza recorría el camino hasta la parada del autobús al centro, a unos 400m (lo conocía bien pues era el mismo que tenía que hacer para ir a las clases de ingeniería); una vez en el autobús eran 20’ de viaje hasta la parada más cercana al conservatorio y de allí otros 400m hasta llegar a la empinada escalera de dos pisos. Y todo otra vez para volver al terminar la clase! Y así mi vocación de trompetista se vio superada por la comodidad de tomar clases de fagot a 50m de mi casa! Por tanto mi posterior ocupación como fagotista profesional tocando hasta el fin exacto de 2005 (la cátedra de música de cámara, interpretación y estilo hasta el 2008) se la debo a que preferí usar esos tiempos muertos e irrecuperables de los traslados para cosas más productivas o más divertidas, quizá temas que en mi vida posterior me ayudaron a sobrellevarla con gran positivismo y alegría de saber que no había perdido el tiempo! Como me dijo una vez un espectador en un ensayo abierto de la Sinfónica al preguntarme a qué me dedicaba para ganarme la vida:

–“Cómo … ¿toca en la orquesta y TODAVÍA le pagan?”–

Por eso poder hacer música es un regalo que nos da la vida y estoy agradecido de la enorme experiencia que han significado todos estos años de músico comenzando con la OSSODRE y también en otras orquestas.

Valencia, 30 de septiembre de 2019.

P.S. Igual disfruté, y disfruto de las cuestiones técnicas que me habían llevado a interesarme por la ingeniería; estudios que tuve que dejar para poder cumplir con las obligaciones de músico profesional de la Sinfónica hacia fines del mismo año de 1959.

  • Nota*: OSSODRE es Orquesta Sinfónica del SODRE que a su vez es Servicio Oficial de Radiotelevisión y Espectáculos), o sea la orquesta nacional del Uruguay.
  • Nota**: Escribe Michel de Montaigne en el capítulo VI de sus Ensayos que titula ‘De la preparación’: “… Ninguna descripción es comparable en dificultad ni en utilidad a la descripción de sí mismo […] La opinión general considera como vicioso hablar de uno mismo por odio a esa vanagloria que parece ir siempre unida a los propios testimonios […]”. En fin, quise traer estas palabras pues no es fácil, tal cual expresa el grandioso Montaigne, escribir y contar cosas sobre uno mismo pero como va mi motto: Lo que es, ES!

Duos de fagot

Publico esto en el “Día Mundial del Alzheimer”. Comparto un breve relato donde hago referencia a la terrible enfermedad que afecta a un alto porcentaje de los mayores de 65 años. He podido confirmar que clinicamente la música ayuda a los afectados por ser la parte de la memoria donde se aloja la menos afectada por la dolencia. Es asimismo un medio de hacerles la vida, aun en esas circunstancias, más agradable. (Aclaro nuevamente que siempre pongo plurales masculinos ya que según la RAE valen para todos los géneros!). Aquí va mi relato/cuento de hoy:

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E. Degas: Fagotista de la Orquesta de la Ópera

DUOS DE FAGOT
En la orquesta sinfónica teníamos días de puertas abiertas; días en que el público podía subir al escenario en nuestro descanso para ver de cerca los instrumentos. Una persona simple, de aspecto muy modesto había aprovechado esa oportunidad y se me acercó cuando yo tocaba para demostración un trozo del Aprendiz de Brujo de Paul Dukas, el conocido tema expuesto por primera justamente por los fagots. Apenas termino de tocarlo me pregunta: -¿qué hace usted para ganarse la vida?– Le contesto que mi actividad a tiempo completo es la de tocar en la Sinfónica. Entonces me dice: -¿cómo, toca en la orquesta y TODAVÍA le pagan?- Refiero esta anécdota porque nos da una pauta del goce que significa para quienes lo hacemos, el trabajo, si cabe llamarlo así, de un músico en la orquesta sinfónica.

 

 

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J. Benlliure: Fagotista (así a secas pues el modelo era su mayordomo, que no era músico, y posa con un fagot de la colección aun presente en el museo) Información por gentileza del Dr. Ovidio Giménez

Y como decía aquel anónimo espectador del ensayo, nuestro trabajo es (generalmente) una diversión. Con esta idea de practicar música y divertirse al mismo tiempo me reunía con un colega de la sinfónica, Guillermo, para tocar dúos de fagot en su antigua casa de principios del XX en el barrio de Pocitos. Para no molestar a su mujer y niños, tocábamos en el living, que estaba alejado y además, con mejor acústica. Nuestro favorito era el álbum de dúos (ed. Ricordi de 1928) de Ciro Stadio; fagotista italiano que tenía arreglos de obras populares de la música universal. Así abordábamos conocidas melodías de Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelsohn y Schumann en la rara combinación tímbrica de solo dos fagots. Nos reíamos bastante cuando nuestros enfoques interpretativos diferían y gozábamos cuando coincidíamos. En ese living estaba postrado en un sillón su tío abuelo Ernesto. Sufría en silencio el deterioro que le producía un Alzheimer avanzando sin tregua. No hablaba, no respondía, no reconocía a nadie; se le debía atender en todo. El tío Ernesto había sido un gran melómano que no se perdía ningún concierto de la ciudad mientras su salud se lo permitió. Luego le sobrevino la enfermedad y allí quedó; desconectado de todo, como un ser de otra galaxia.

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Estudio y sala de música en la casa-museo del pintor J. Benlliure en el barrio del Carmen de Valencia

 

En un momento decidí mirarlo para ver si nuestros dúos del improvisado recital no le estaban produciendo alguna molestia. Veo con asombro que le empezaban a asomar lágrimas; tenía la vista dirigida al lugar donde tocábamos y sus ojos hablaban con mucha más elocuencia que cualquier palabra: mostraban placer y agradecimiento. Esos mismos ojos, esa misma mirada que tanto quería decir; la misma mirada profundamente expresiva que conocía de admirar los grandes pintores como Giotto, Miguel Angel, Leonardo, Caravaggio, Goya y que la plasmaron para momentos de gran emoción en obras famosas del renacimiento y el barroco. El tío Ernesto estaba oyendo y emocionándose con nuestra música; música que a pesar de la improvisación con que la hacíamos, podía vencer el aislamiento de su implacable Alzheimer.

Valencia, 30 de agosto de 2019

Prohibamos la ejecución de obras de Vivaldi!

 

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Antonio Lucio Vivaldi (1678-1741)

Tengo un gran amigo y mejor artista plástico quien me manifestó que jamás escuchaba música de Wagner por tratarse de un racista/supremacista manifiesto (lo cual es cierto). Mi reacción fue la de preguntarle si al escuchar, por ejemplo, el preludio del primer acto de Tristán e Isolda, no se sentía conmovido por esa obra maestra. También le planteé, y quizá él lo sepa más que nadie dada su profesión, si nunca miraba una obra de Caravaggio por haber sido un asesino. Quizá el exquisito Fray Filippo Lippi debería ser descolgado de las galerías e iglesias, por el “rapto” de una novicia de 14 años, Lucrezia Buti, modelo que usó para las pinturas de vírgenes. Fue madre de su hijo Filippino Lippi, asimismo pintor (¿Cómo sucedió lo de Lucrezia: fue compra, canje, violación, fue un arreglo familiar? Ver mi nota sobre éste y otros dos artistas del Renacimiento en http://www.saberesbueno.wordpress.com bajo el título de: ‘De gastronomía, pasión y autoestima’). Podría recordar una centena de ejemplos similares pero creo que con éstos basta para poner en foco mi punto: la personalidad y forma de actuar de un artista, por más reprobable que llegue a ser, no lo hacen menos artista!

Me enteré por las noticias de que el tenor Plácido Domingo ha recibido nuevas acusaciones por acoso al género opuesto (me gusta más así que usar acoso sexual que implica algo diferente) lo que parece que sucedió hace unos 20 o más años. Estas revelaciones se suman a otras anteriores que se hicieron conocidas por una publicación periodística en la que solo una de las varias mujeres que plantearon ese hecho (tampoco digo aquí denunciantes pues eso requeriría un procedimiento judicial) se dio a conocer. Me he enterado que algunas instituciones en EE.UU. cancelaron actuaciones ya programadas debido a esas informaciones. Aquí en España hemos tenido por lo general, reacciones de apoyo al excepcional músico. Tanto el Teatro Real como el de La Zarzuela de Madrid han expresado su apoyo. En mi querida Valencia, el Palau de les Arts, donde está previsto que actúe, no se ha expedido aún. Una reconocida soprano de primer nivel, quien fuera compañera mía por varios años en el teatro SODRE de Montevideo ha expresado que todas las veces que cantó con este tenor su comportamiento fue inobjetable. Actuaron juntos la última vez en nuestro Palau des les Arts en 2018.

Una semana atrás publiqué una brevísima nota a raiz de mi visita a la plaza Roja de Moscú (www.saberesbueno.wordpress.com bajo el nombre de ‘La place Rouge (n’)était (pas)vide’ traducción: la plaza Roja (no) estaba vacía’) Desarrollo mi idea basado en la letra de la inolvidable canción “Nathalie” de Gilbert Bécaud de 1964. Sobre el final reflexiono sobre una estrofa que dice refiriéndose a su guía, la hermosa Nathalie de cabellos rubios: “Je lui pris son bras, elle a souri”…(le tomé su brazo, ella sonrió). Al trasladarme al siglo XXI pensé que si hacía eso con la guía de mi excursión seguramente estaría encerrado en el exGulag, allá en la fría Siberia expiando una pena por acoso! Curiosamente, varias personas, incluso con alto grado de cultura, me expusieron que no veían el porqué de haber agregado tal comentario en mi nota. Esto explica cómo este tema está siendo algo polémico (a excepción, obviamente, de casos netamente delictivos y que abundan lamentablemente) requiriendo desde hace décadas, una readaptación tanto mental como práctica de la cultura/civilización/costumbres occidentales (no hablemos de los iraníes u otros por allí…).

Ospedale della Pieta VenetiePor eso el título de esta nota: ‘Prohibamos ya la ejecución de obras de Vivaldi’. Como para muestra basta un botón y para sustentar la frase del título digamos que el gran Antonio Lucio Vivaldi, Il Prete Rosso, fue objeto de la siguiente orden decretada por los 12 miembros del consejo directivo del famoso Ospedale della Pietà al cabo de algunos años ejerciendo como maestro de música y compositor residente (aquella Pietà estaba entre un orfanato y un conservatorio) lo deja todo dicho: “…cada vez que el padre Vivaldi deba dar clases lo hará acompañado de la hermana ****…” (gracias al maestro Hugo López por su aporte aunque aún y por ahora, sin el nombre de la hermana). Vayan imaginando y sumen que los hombres tenían la entrada prohibida a los ospedali a excepción de los profesores llamados maestros de coro (coro o choro eran tanto los de canto como los de instrumentos). Parece que Antonio Lucio no se tomaba el hábito muy en serio. Por ejemplo, convivía públicamente con su querida Annina (Anna Girò o Giraud) cantante de pequeña y ágil voz especialmente hábil en la actuación escénica. Vivía también allí la media hermana mayor de la Girò, Paolina. Ambas acompañaban al Prete Rosso en sus variados viajes. Vivaldi escribió varias óperas pensando en la voz y habilidades artísticas de su Annina. Nada respecto a que Annina fuera su concubina está probado y agreguemos que no era raro en esos tiempos que un sacerdote tuviera como “enfermeras/sirvientas/cuidadoras” a mujeres en su vivienda (en el caso de Annina, quien era más de 30 años menor y venía del ospedale había una obvia debilidad del Prete pero podría entenderse por su talento artístico). Otra perlita en este curriculum fue la prohibición de entrar en Ferrara para el estreno de su ópera Farnace en 1738; prohibición decretada por el cardenal Ruffo debido a la vida licenciosa que llevaba  nuestro Prete Rosso. Este último hecho está probado con documentos; hasta ha quedado una carta de respuesta con quejas del propio Vivaldi contra la decisión del cardinale.

jjrousseauflautaHay unas cuantas cosas llamativas en su producción musical pero quedan fuera del objetivo de esta nota. Referiré solo un par de ellas: Vivaldi se jactaba de componer sus obras más rápido de lo que los copistas podían pasarlas al papel! Otra rareza son los 37 conciertos para fagot solo superado en números por los de violín. Menciono estos conciertos pues toco este instrumento. El fagot era usado entonces para refuerzo y definición tímbrica del basso continuo muy rara vez como solista. También en este sentido es de señalar que escribió muchas obras de cámara con fagotto obligato (parte real y no junto al continuo) lo que no era común en el barroco y ni siquiera después. Vale la pena mencionar lo que comentaba un visitante inglés del Ospedale, el escritor William Beckford. He aquí su interesante testimonio sobre la orquesta de Putte  como se les llamaba (‘ángelas’ si la RAE me permite la traducción) de la Pietà: “The sight of the orchestra still makes me smile […] it is entirely of the feminine gender, and nothing is more common than to see a delicate white hand journeying across an enormous double bass, or a pair of roseate cheeks puffing with all their efforts at a French horn […] and one poor limping lady, who had been crossed in love, now makes an admirable figure on the bassoon” (traducción: La vista de la orquesta todavía me hace sonreír […] es totalmente de género femenino, y nada es más común que ver una delicada mano blanca viajar a través de un enorme contrabajo, o un par de rosadas mejillas soplando con todo su esfuerzo en una trompa […] y una pobre dama coja, quien había sido traicionada en el amor, haciendo ahora un admirable papel con el fagot). Ni más ni menos que Rousseau dejó una detallada nota sobre la orquesta de la Pietà llegando a conocer a las Putte en persona (tocaban detrás de un enrejado metálico que las ocultaba de la vista del público), algo insólito y solo posible con una invitación muy especial. Comenta que casi todas tenían algún defecto físico pero tocaban maravillosamente bien. Jean Jacques Rousseau era flautista y escribió una adaptación de La Primavera de las 4 Estaciones para flauta traversa solo.

He leído y visto hace pocos días el vídeo donde se exponía un tema que creí era territorio de los Monty Python: en él unos individuos (me refiero genéricamente, como establece la RAE, a todos los géneros habidos y los por haber!) separan las gallinas de los gallos porque éstas son víctimas de violación por parte de los gallos… Si esto es así, no veo cómo no vamos a tener que prohibir a Vivaldi, como tampoco descolgar a Filippo Lippi y Caravaggio de los museos e iglesias, ni silenciar a Wagner. Quizá hasta el propio J.S. Bach, que tuvo 20 hijos de dos esposas, debería ser investigado para saber si no eran fruto de algún tipo de violación. Ay de nosotros, los “comunistas” de este siglo XXI que nos vemos condenados a la incorrectez política para mantener nuestra correctez intelectual! (leed la nota en donde me declaro ‘comunista’ en el blog mencionado más arriba y que va por lo del ‘incomún sentido común’) P.S.: Pido perdón a la RAE por el invento de palabras como correctez en lugar de corrección e incomún en lugar de raro (???) pero es que suena mejor al lado de común como puedo inventar incorrectez  que queda más fuerte frente a correctez!

Mario A. Navarro
Valencia, 8 de septiembre de 2019

La place Rouge (n’)était (pas)vide

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La place Rouge était vide
Devant moi marchait Nathalie
Il avait un jolie nom, mon guide
Nathalie

La place Rouge était blanche
La neige faisait un tapis
Et je suivais par ce froid dimanche
Nathalie

Elle parlait en phrases sobres
De la révolution d’octobre
Je pensáis déjà
Qu’après le tombeau de Lénine
On irait au café Pouchkine
Boire un chocolat

La place Rouge était vide
Je lui pris son bras, elle a souri
Il avait des cheveuz blonds, mon guide
Nathalie, Nathalie …

Hace una semana estaba paseando en la Plaza Roja de Moscú. O más bien en lo poco que quedaba libre de ella. Ocupada casi totalmente por un enorme escenario con gradas todo a su alrededor sumado a una infinidad de stands (chiringuitos en España) vendiendo todo tipo de souvenirs para turistas, bebidas con y sin alcohol, hamburguesas, blinis rusos y hasta finos chocolates pude sentarme y tratar de recordar la hermosa canción de Gilbert Bécaud cuyas primeras estrofas reproduzco más arriba. Mientras, me arriesgué a tomar un café macchiatto en una tienda de chocolates (belgas), me puse a tararear para mis adentros la hermosa canción Nathalie que hizo tan famosa Gilbert Bécaud. Claro, ya al inicio, cuando dice: la place Rouge était vide era un contrasentido: ni se veía la plaza entre el estadio construido para ese festival internacional de bandas de música y tantos puestos de ventas. Sumemos a esto los miles y miles de turistas, especialmente las cataratas de ciudadanos chinos con sus sombrillas (sí, por suerte había sol y no desean tostarse en lo más mínimo!) grandes lentes oscuros y sus infaltables y continuas poses para ‘selfies’.

El segundo verso tampoco era así pues nuestro guía era un ruso bastante joven, muy eficiente y conocedor de la realidad moscovita. Nos dejó a la entrada de la plaza y dijo que paséaramos solos pues en esa aglomeración era imposible ver o señalar nada. En fin, tampoco tenía un joli nom como Nathalie sino que era Cirilo, que no es feo pero no es lo mismo. En cuanto a la próxima estrofa: la place Rouge était blanche, ni de cerca. Lo poco que dejaban de ver los pies de los turistas con sus coloridas zapatillas era de un empedrado color gris impreciso con muchas colillas y otras basuras del progreso. Nada de frío por suerte; un estupendo sol, cielo azul, nubes fotogénicas y unos 26ºC. Nadie hablaba en phrases nobres de la révolution d’octobre sino de los Mercedes, Maybachs, Audis, Cadillacs Escapade (como en las películas americanas!) algún Maserati y muchos Range Rovers… Luego viene lo del café Pouchkine que no encontré pero preferí el macchiatto a boir un chocolat, y no erré en mi elección ya que era tan bueno como en Italia!

Ahora lo más complicado en estos tiempos del primer quinto del siglo XXI es cuando dice: Je lui pris son bras, elle a souri. Se imaginarán que si hacía lo que dice Gilbert no habría escrito esto desde aquí, la hermosa y pacífica Valencia; estaría en alguna oscura prisión del exGulag allá por el blanco norte siberiano pagando por mi crimen de acoso sexual. Ahh, mon cher Gilbert, notre monde a changé beaucoup depuis 1964 quand tu a chanté une des plus belles chansons françaises de tous les temps!

Resto de la letra de Nathalie:

gilbertbecaud

Gilbert

Dans sa chambre A l’université
Une bande d’étudiants
L’attendait impatienment

On a ri, on a beaucoup parlé
Ils voulait tout savoir
Nathallie tradusait
Moscou, les planes de l’Ukraine et les Champs Elysées

On a tout mélangé et on a chanté
Et puis ils on debouché
En riant à l’avance
Du champagne de France et on a dansé

Et quand la chambre fut vide
Tous les amis étaint partis
Je suis resté seul avec mon guide
Nathalie

Pas de question de phrases sobres
Ni de révolution d’octobre
On n’en était plus là
Fini le tombe de Lénine
Le chocolat de chez Pouchkine

C’était loin déja
Que la vie me semble vide
Mais je sais qu’un jour à Paris
C’est moi qui lui servirais de guide
Nathalie, Nathalie!

De gastronomía, pasión y autoestima!

En música tenemos algunos compases marcados como GP –GRAN PAUSA o cómo gusten interpretar…- y que son de total silencio. En este caso volvemos al principio: DA CAPPO:

Retomo la correspondencia semanal desde Valencia con una nueva carta/nota luego de haber pasado unos días con mi nieto Gervasio en la maravillosa Florencia, la ciudad del emblema de la flor y, sin lugar a dudas, del Arte! Debo decir que algo pudimos llegar a ver a pesar de los ríos, cataratas, océanos de turistas (especialmente del nuevo poder emergente, la República Popular China y que tiene bien puesto el nombre de ‘popular’!). Les recordaré temas relativos a la pintura renacentista. Reproduzco con varias correcciones y ampliaciones un texto que publiqué en otro blog en 2015  (www.sabereslindo.wordpress.com) respecto a un gran florentino como Filippo Lippi y a un veneciano, quizá de un círculo de apreciación menos conocido, Vittore Carpaccio. Agrego un breve pasaje en forma de anécdota sobre Giotto Bondone tal cual se lo conté a mi nieto para que le quedara más grabado. Es que creo que cuando se conocen aspectos menos formales de la vida de grandes personajes se les recuerda más fácil. Para los legos como uno es más fácil con anécdotas!

De gastronomía y pasión (y autoestima)!

Gastronomía:carpaccioestudiosan

Hablemos primero de un exquisito plato que se ha transformado en una constante en restaurantes que se precian por ofrecer menús de categoría: el “Carpaccio di manzo” (Carpaccio de carne vacuna). Si bien hoy es una receta clásica recién empezó a aparecer por 1970. Este manjar para el “antipasto” (o sea antes de la comida) es simple; está basado en unas delgadas láminas de carne vacuna cruda (al pie damos una receta clásica) y es esto, como mostraremos, lo que justamente tiene una clara conexión con la pintura renacentista .Carpaccioretrato

Nos preguntamos entonces de dónde viene el nombre de carpaccio (favor de pronunciar carpaCHO sin “i” que en italiano es muda en esta combinación de letras). Pues es por Vittore Carpaccio, pintor veneciano que vivió entre 1455/1456 y 1525/1526 (no hay una fecha precisa) y los rojos aladrillados muy particulares que usa. A quien se le ocurrió bautizar este plato con el nombre del pintor veneciano tenía bien presente que los rojos de la carne cruda con el aceite de oliva y limón dan de la misma tonalidad que los que utiliza este artista. Quizá nuestro Vittore no esté en el primer círculo de trascendencia al compararlo con algunos gigantes del Renacimiento italiano pero debemos reconocer que mostró el camino de la pintura del “bodegón” (usemos el término castellano aunque por nuestras latitudes es más común el de “naturaleza muerta”) incluso con cierto adelanto sobre los flamencos; género pictórico que haría explosión luego en el Barroco. Formado en el taller de Lazaro Bastiani (que seguía la tradición bizantina de sus propios maestros Del Fiore y Giambono a raíz de quienes Carpaccio dio un sesgo orientalista a muchas de sus obras) con un estilo más cercano a los Bellini. Carpaccio practica lo que llamaríamos un miniaturismo extremo con precisión casi fotográfica en los detalles y que lleva a que el espectador curioso encuentre variada cantidad de cuadros dentro de una misma obra. En el ejemplo que muestro, el bien conocido “San Gerónimo en su Estudio”, pintado entre 1502 y 1507, vemos una gran cantidad de muebles y objetos realizados con asombrosa fidelidad. Pero no dejemos de notar, es bien evidente, esa tonalidad de rojos aladrillados que dio lugar al nombre del ahora conocido plato gourmet!

praying-madonna-filippo-lippi-c1465‘Vergine’ de Filippo Lippi (como siempre Lucrezia Buti…)

Pasión:

Si un joven se escapa de donde está trabajando saliendo por la ventana de un segundo piso (imaginen la altura de un palacio en aquellas épocas!) con una especie de soga que ha hecho de jirones que arrancó de sábanas de camas y todo esto es para dar rienda suelta a sus amoríos y placeres de índole carnal, nos inclinaremos a pensar que se trata de un libertino; un libertino que no repara en límites ni físicos ni morales! Sin embargo Fray Filippo Lippi era un devoto fraile católico que se transformaría en un importantísimo pintor florentino del “quattrocento” italiano. Debemos notar sin embargo, que para cuando empezó a dar rienda suelta a su exuberante naturaleza sexual ya había “colgado los hábitos” (con 17 años) sabedor de que no podría frenar sus impulsos. Fra Filippo di Tomaso Lippi nació en 1406 y murió en 1469. El motivo que nos lleva a contarles la anécdota de este enorme artista está relatada en el fenomenal libro de otro pintor y arquitecto renacentista de importancia (El Palacio de los Oficios, el famoso museo ‘Uffizi’ se construyó sobre un plano suyo al igual que las galerías aéreas que conectan algunos de los distintos palacios en Florencia), Giorgio Vasari (Arezzo 1511-1574) en su “Vite de’ piú celebri Pittori, Scultori e Architetti” que fuera escrito ya en el final del Renacimiento, un período ya maduro y apoteósico como lo definen las obras de Miguel Angel Bounarroti, Rafael de Urbino, Tiziano de Cadore y algunos otros. El libro empieza con Giotto nacido en 1276 y otros varios de siglos anteriores pasando luego por Masaccio quien estaba pintando en el monasterio donde Filippo era un interno; más adelante se comentaría que el espíritu de Masaccio se le había metido en su alma (a pesar de lo cual no importó destruir frescos de él al reformar Santa María Novella para darle mejor visión en el interior!). Hay otros capítulos referidos a Filippo Lippi, Sandro Boticelli, Leonardo da Vinci, Rafael de Urbino y su admirado Miguel Angel Buonarotti. Termina con Tiziano de Cadore! Lo interesante de Vasari es que es casi un contemporáneo y alguien que se tomó el trabajo, nada fácil entonces, de conseguir información sobre estos artistas. Tampoco nunca estuvo demasiado lejos en el tiempo en aquellas épocas de cambios muy graduales, ni siquiera de lo que nos ocupa con nuestro Fray Filippo Lippi. Son notorios sus múltiples errores pero no existe otro documento con tanta información y proviniendo además, de alguien tan versado en el tema del arte y la pintura. Ahora veamos el relato del hecho que nos ocupa tal cual lo cuenta Vasari:
“Dicen que era tan apasionado que cuando veía una mujer que le gustaba le habría dado todo lo que tenía para poder poseerla, y que cuando no lograba esto, entibiaba la llama de su amor pintando su retrato. Y este apetito lo extraviaba a tal punto, que cuando estaba de tal humor poco o nada se ocupaba de su trabajo. Así, en una ocasión que Cosme de Médicis le estaba haciendo pintar un cuadro en su casa, lo encerró para que no saliera a perder tiempo. Pero Fray Filippo, después de quedarse allí dos días, se vio presa de un furor amoroso tan bestial que, con unas tijeras cortó las sábanas de la cama y empleó las tiras para deslizarse fuera por la ventana, entregándose luego durante muchos días a sus placeres. Cosme, al no encontrarlo , lo hizo buscar y finalmente logró que volviera al trabajo, pero desde entonces le dio libertad de ir a donde quisiera , estando arrepentido de haberlo encerrado, puesto que era tan loco y podía haber corrido tan grave peligro. Por esta razón, en adelante trató [Médicis] de atar a Filippo con lazos del afecto, y así fue servido por éste con mayor voluntad”. (Traducción y puntuación efectuada por varios según publicación de Edición Océano sobre la versión publicada del original de 1568 con Vasari aún en vida, en 1906).madonnaconniño

La pintura que mostramos es la conocida “Vergine delle Rocce”, una virgen con niño donde al igual que en tantas otras pinturas suyas la modelo es Lucrezia Buti, casi una niña de la que se enamoró apasionadamente cuando estaba haciendo ciertos cuadros en el convento de Santa Margherita donde era pupila (o monja). Por supuesto que pidió a la madre superiora pintarla… Luego se la “llevó” (o la raptó o la cambió a la madre superiora por pinturas, nadie lo sabe!) y convivió (bueno, a su manera!) con ella hasta el fin de sus días aunque nunca se casó. Fue la madre de su hijo, también llamado Filippo Lippi, excelente pintor conocido por Filippino Lippi! Aparentemente las autoridades de la iglesia estaban dispuestas a permitirle casarse normalmente ya sobre los últimos años de su vida para que no viviera en pecado, pero Filippo no aceptó pues contestó que no podía asegurar que le iba a ser totalmente fiel como manda la iglesia!

Autoestima:

Giotto_-_Scrovegni_-_-18-_-_Adoration_of_the_Magi

Giotto Bondone era un niño pastor de ovejas y probablemente analfabeto que nació en 1276 a unos 22 quilómetros de Florencia en una aldea llamada Vespignano cuando, según cuenta Vasari en su libro ‘Vite …’ que un día el conocido pintor Cenni di Pepo Cimabue (nacido en Florencia en 1240 y fallecido en 1302) al ir de su ciudad a esa aldea vio a Giotto dibujando con una piedra afilada sobre una roca una oveja del natural tan perfecta que no pudo menos que detenerse. Le habló al chico diciéndole que le notaba grandes condiciones para el dibujo y que le gustaría que fuese aprendiz suyo en su estudio de Florencia. El niño Giotto contesta que eso solo lo podía decidir su padre así que fue Cimabue con el niño a ofrecerle llevarlo a su taller. Bondone, más que contento de tener una boca menos que alimentar y la posibilidad de un oficio mejor que el de pastor, le da el visto bueno. Así que en muy poco tiempo, con sus enormes dotes para el dibujo más los conocimientos de la técnica que le había dado Cimabue se convirtió en un pintor reconocido y buscado aun siendo muy joven al punto de que se comentaba que era mejor que su maestro. No solo aprendió sino que superó estilísticamente a su maestro y cambió el viejo estilo todavía bizantino que se usaba en todo el mundo occidental por algo más comprometido con la realidad. Hizo amistad con Dante a quien retrató y Boccaccio lo alabó especialmente. Es realmente Giotto quien comienza la corriente de la pintura renacentista que alcanzaría sus máximos exponentes con los pintores de la segunda mitad del siglo XV y XVI como Piero de la Francesca, Sandro Botticelli, Leonardo da Vinci, Rafael Urbino y Michelangelo Buonarrote entre otros. Hay una separación notoria en la pintura de Giotto, por la naturalidad y expresividad que le da a sus figuras, con la de sus antecesores donde muchos siguieron unos cuantos años en el vecchio stile de la pintura griega o bizantina. Y para que mi nieto no se olvidara de Giotto le conté una historia con dos posibilidades donde ninguna de las dos es confirmable pero que no me extrañaría que hayan sucedido de verdad:vasarivite
Cuenta Giorgio Vasari sin bien reconocido arquitecto fue prolífico pintor pero nunca a la altura de los grandes. Cuando Michelangelo Buanorroti, gran amigo y maestro de Giorgio, se entera de que ha publicado el libro de ‘Vite … etc’ le dedica un soneto que dice:
“Quel che vi manca, a lei [natura] di preggio imparte, Nel dar vita ad altrui …
Traducción: ‘Aquello que te falta, a ella (Natura) brindas, al dar vida a otros…” o sea que lo que Natura non da -parece que no es Salamanca que non presta de todos modos- pero sí lo da él al relatar la vida de otros grandes artistas! El Papa Benedicto IX quería que Giotto, ya muy reconocido por sus trabajos en varias iglesias, hiciera unas pinturas en Roma por lo que envía un emisario para que vea qué tipo de hombre es y cuales son sus trabajos. Al estar este cortesano en Florencia y ver q que hay varios pintores de fama y prestigio, les pide muestras de su trabajo para también llevárselas al Papa. Cuando visita el taller de Giotto lo encuentra pintando y entonces le cuenta su plan de las muestras para el Papa y que desearía que le hiciera al menos un dibujo para llevárselo a Roma. Giotto toma un pincel que estaba mojado en rojo y sin nada más que su brazo le dibuja un círculo de trazo y hechura perfecta. Se lo entrega al emisario quien queda un poco molesto pues cree que Giotto se burlaba de él. Describe Vasari el siguiente diálogo comenzado por Giotto: “Aquí está el dibujo” y el cortesano manifiesta “¿No he de recibir otro dibujo que éste?” y aquí la autoestima de Giotto: “Basta y aún sobra con él, enviadlo junto a los demás y veréis si será apreciado”. Es bien claro ahora que fue Giotto quien viajó a Roma para pintar varios importantes cuadros en San Pedro. La otra parte alternativa de la anécdota que no cuenta Vasari es que luego de que el emisario quedara estupefacto y algo molesto por la aparente tomadura de pelo, le pregunta de si todo lo que le mandaba a Su Excelencia era ese dibujo. Giotto pide perdón y le dice que le faltaba algo e inmediatamente pone con su pincel un punto en el centro exacto del círculo. Vasari no menciona este hecho sobre Giotto y es probable que no sea cierto pero como dice el dicho: se non è vero, è ben trovato! Como tan excelente dibujante y pintor es factible que lo haya podido hacer. Lo que sí menciona Vasari es un dicho que quedó luego de la anécdota del círculo perfecto: Tu se’ più tondo che l’O di Giotto! (trad: eres más ‘tonto’ (redondo) que la O de Giotto. En la Toscana tondo tiene un significado ambiguo: redondez y es simpleza falta de ingenio). Creo que con esta anécdotas mi nieto Gervasio no se olvidará de Vittore Carpaccio, tampoco de  Filippo Lippi, ni de Giotto Bondone y creo que tampoco de Giorgio Vasari.
giotto

Y va un agregado especial, una receta de cocina! Así, cuando probemos este exquisito plato recordaremos a este menos conocido pintor veneciano de rojos aladrillados y detalles exquisitos!

Una receta de Carpaccio di Manzo (bien clásica):

Componentes: 200 grs de lomo, peceto o similar absolutamente sin grasa ni nervios; 75 grs de queso parmesano o grana padano; 150cc de aceite de oliva extra vergine (como las madonnas de Filippo Lippi!), algunas alcaparras, 1/2 limón grandecito, mucha pimienta negra recién molida, algo de sal, rúcula para dar color contrastante y opcionalmente se puede mezclar una cucharadita pequeña de mostaza. Al comprar la carne, pedir que saquen (o hacerlo uno mismo luego) todo nervio o resto de grasa. Luego se recomienda envolver esta carne en film transparente para darle forma y congelar. Al cabo de unas 3 horas en el freezer se procede a cortarla con un cuchillo super afilado, o mejor aún, una máquina de fiambre en lonchas/tajadas/rodajas/fetas bien finas. Poner en la fuente que se va usar para servir, un tercio de la mezcla del aceite con el limón (y ocasionalmente si se quiere con la mostaza) ya salpimentado y poner las fetas sobre este elemento. Entonces cubrir con el resto de la mezcla, espolvorear con el queso rallado o cortado en lascas muy finas y agregar las alcaparras (pocas) y la rúcula. Dejar en la heladera por lo menos una hora antes de servir.

Buen provecho y que lo disfruten!

“Los elefantes …” y una reflexión.

Desde el barrio de El Carmen de València y hasta con elefantes!

Comienzo por re-enviarles parte de lo que escribí a un amigo de Buenos Aires, alguien que siempre me ayuda positivamente incentivándome (ha sido profesor de periodismo) por las distintas notitas y ensayos voy publicando. Lo que sigue creo que explica porqué escribo estas cosas casi todas las semanas:

“Querido amigo:
Gracias por tu mail y los inmerecidos elogios. Como te dije antes, estas notas/ensayitos que publico en mi blog o envío a tantos amigos como un ‘attachment’ desde que vivo en València (ya hace año y medio) son como si escribiera cartas a casa y a amigos; lo que hacíamos antes del cambio tecnológico. Usábamos papel ‘avión’, escribíamos con letra pequeñita en ambas caras para usar menos hojas y que el sobre no pesara más de lo autorizado para la estampilla mínima de correo aéreo. Recuerdo que habían ‘aerogramas’ también con una tarifa menor pero aun apretando más la letra, no daba para contar todo lo que uno quería (o poder explayarse como en el caso de mi desbordante verborragia …) ¿Te acuerdas? Yo numeraba las cartas para que mis padres, parientes o amigos supieran si estaban llegando todas, no sea que los poco confiables correos de nuestros países tercermundistas perdieran alguna; no se recuperaría jamás pero sí sabríamos que había faltado! Esto duró casi hasta fines del siglo XX cuando el email se popularizó […]”. Por eso voy contando cosas que veo, lo que he estado haciendo, pensando y sintiendo. Lo mismo que hacía en aquellas cartas de los 50 y hasta los 90. Esta es mi ‘cartita’ semanal:

El pasado sábado 29 de junio leo durante mi clásico desayuno de café con leche caliente y periódico (Las Provincias ese día) en el bar de la vuelta de mi casa (María Mandiles de la plaza del Carmen) que el autor de un nuevo libro llamado “Los elefantes andan descalzos y no usan paraguas”, un señor Pedro Touceda, totalmente desconocido para mí iba a estar firmando su libro en El Corte Inglés de la calle Colón. El cronista aclaró que el libro estaba basado en relatos de su niñez y juventud, algo sobre lo que yo ya también venía escribiendo varios capítulos hasta hoy día inclusive. Los míos están en lo que llamo versión 1.0 o sea archivados en el ordenador pero sin releer siquiera, sin correcciones ni de sintaxis ni de ortografía! Aparte llevo preparadas las estructuras o esqueletos de unos cuantos más. Eso me atrajo así que me puse las zapatillas de caminar y fui hasta la calle Colón para conseguir el libro. Por otra parte si además el autor, Sr Touceda me lo firmaba, mejor todavía! Encontré, luego de vagar un poco por la parte de librería para no llegar demasiado temprano, dónde era que Pedro Touceda autografiaba su libro. Entre que me presenté y nos saludamos, nuestro intercambio de palabras fue escaso. Pagué el libro y volví para que me estampara su firma. Debo reconocer que era la primera vez que pasaba por ese ritual; tengo libros dedicados a mí por sus autores pero en circunstancias diferentes, ya sea que colaboré de alguna manera en la publicación (generalmente con fotos) o los autores eran personas de mi previo conocimiento. A pesar de haber estado quizá menos de un minuto con Pedro pude darme cuenta de su desbordante humanidad sumada a una naturaleza genuinamente bondadosa. Lamento no me saqué la clásica ‘selfie’ tan de moda hoy día pero los que somos de otras ‘ediciones’ generacionales no pensamos en ello. Con la vergüenza que me daba estar allí frente a un escritor con su propio libro publicado pidiéndole un autógrafo, lo que quería era irme cuanto antes! Es así que no miré lo que me había escrito hasta que volví a casa luego de una buena caminata de punta a punta de la Ciutat Vella. Pedro, con su oficio de periodista enseguida captó que, si bien yo era un músico profesional de orquesta sinfónica y profesor en ese campo como le dije, estaba escribiendo cositas que necesitaba contar. Su dedicatoria: “Para Mario, músico y artista, y genio cotidiano”. Gracias Pedro, me siento como si nuestra amistad viniera de muchos años atrás! (A ver si un día nos encontramos en València a tomar un café y charlar algunas palabras más que en aquel momento de la firma del libro!). Empecé a leer ‘Los elefantes…’ algunos días después de ese encuentro pues andaba por los dos tercios de un libro del J.J. Millás y no quería mezclar. Cuando comencé su lectura lo devoré con apetito de bestseller!

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Pedro Touceda firmando “Los elefantes andan descalzos y no usan paraguas”

Les recomiendo que lo consigan: en América seguramente lo encontrarán en alguna de las plataformas digitales como Amazon en formato eBook. Aquí en España lo pueden obtener fácilmente por pedido tanto en El Corte Inglés como en Amazon, en papel o eBook. Son relatos simples, directos, llenos de hechos tiernos y muy conmovedores, relatos que nos harán recordar lo mejor de nuestras épocas infantiles y de la adolescencia. Para los que venimos de otras tierras tendremos una visión muy auténtica de aquella España que fue cambiando paulatinamente camino hacia el mundo moderno y europeo que se vino luego de la dictadura; mundo pletórico y vibrante en democracia y con una Constitución moderna (y como todo en este mundo también con sus lados brillantes y también de sombras).

Lo que cuento de mi encuentro con Pedro Touceda y la ausencia de ‘selfies’ o fotos, me trae a la memoria varias situaciones de ‘no-fotografiado’. Me refiero a situaciones en que conscientemente no se fotografió lo que quizá habría sido no solo un gran recuerdo sino un documento para épocas posteriores. No hace mucho un gran amigo, Óscar Bonino, compañero desde que estoy aquí de extensísimos chateos en el móvil donde discutimos candentes temas de actualidad (estamos a punto ya de preparar una recopilación corregida/editada de los mismos!) me contaba que una vez estando con sus cámaras en Buenos Aires (fue fotógrafo profesional y había viajado allí para documentar el mundial de fútbol) se topa con Jorge Luis Borges en plena calle. El extraordinario escritor ya ciego iba caminando despacio llevado por su perro-guía viniéndose además en dirección a él mismo! Pero me cuenta Óscar que no se animó ni a fotografiarlo furtivamente ni tampoco a pedirle permiso para hacerlo. Y hablamos de un fotógrafo profesional, alguien más que preparado para esos casos! Me sentí en una situación similar varias veces aun trabajando al igual que él como fotógrafo profesional. Me sucedió con Juan Carlos Onetti (hice trabajos profesionales para su editorial pero no se me ocurrió pedirle ni autógrafos ni fotos juntos siendo admirador de muchos de sus libros!), Benjamin Britten, Aaron Copland, James Galway, José Cúneo, Rafael Alberti y para rematar Robert Kennedy, personajes inmensos que están entre varios otros que escapan a mi memoria. Así era antes: nada de ‘selfies’, ni siquiera una simple foto de grupo! Las oportunidades pasaban (y pasan aun hoy) pero es que para nuestras mentes de mediados del siglo XX lo que cuenta es lo que sentimos y vivimos, lo que nos hace vibrar el alma. No son esos amontonamientos de datos numéricos que forman pixeles y que luego mostramos como imágenes tantas veces en las redes (y en estas mismas cartas) que cada vez, y a pesar de su proliferación, en realidad se ven menos.

Buen fin de semana!
València, 27 de julio de 2019

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Barrio de El Carmen: encuentro de calle Alta y  calle Baja

Datos de Pedro Touceda (copiados de la solapa de su último libro): “Periodista y explorador artístico (escritor, guionista, cineasta, fotógrafo…) ganó con 20 años el 1er. Premio en el Certamen de Cuentos de La Latina (Madrid) por el relato “Un pastelito de nata”. A comienzos de los 80 se autoeditó tres libros de relatos: ‘Un solo de calle’ (1982), ‘Caramelos envenenados’ (1983) y ‘Mucho cuento’ (1984). De todos ellos vendió 3,000 ejemplares. Las ventas de sus obras las realizaba en El Rastro y en la Feria del Libro de Madrid disfrazado de hombre anuncio [para los rioplatenses sería hombre-sandwich]. ‘Los elefantes andan descalzos y no usan paraguas’, obra que nació a partir de su muro de Facebook, es su primera novela.

En el cine […] ha recibido más de 50 premios por todo el mundo […]. En ABC fue crítico musical durante 10 años. […] realizó entrevistas para la revista Blanco y Negro con Rolling Stones, Lou Reed, David Bowie y Tina Turner entre otros […]”

Hoy me autodeclaro “COMUNISTA”

Finalmente me doy cuenta de que soy “COMUNISTA”!

Estaba leyendo una entrevista a la escritora Mary Karr (Groves, Texas, USA 1955) y me fue claro que era hora que lo declarara abiertamente a cielo y tierra: Síííííí, soy completamente COMUNISTA por aquello de que:

Llevé una niñez común, una educación pública común, unos padres de clase media común, una casa común sin sobrantes ni faltantes, una vida profesional común (correcta pero sin hechos sobresalientes), matrimonio común con 2 hijas mellizas más una tercera de otra mamá común, divorciado de forma común sin problemas, un bienestar común sin excesos ni tampoco apreturas, una salud común sin nada destacable (aun con 77 otoños encima), una figura corporal común para los años sin demasiada panza ni gordura ni delgadez, visión común empezando a usar lentes a la edad común, un oído común sin absolutismos ni sorderas, una presión sanguínea común estabilizada entre 11  y 13 con pulso común entre 65 y 80, un porcentaje de oxígeno en la sangre común de 97 a 99%, también el colesterol común abajo de 180, ácido úrico común en los niveles de los 30 años, azúcar en la sangre con índice bien común, y también por lo común, tomo un whisky o un vino común casi todos los días a la noche, duermo de común 8 horas, leo cosas comunes y trato de escribir lo que siento aunque peque de común. A alguien así, con tanto de común, no se lo puede llamar de otra manera que COMUNISTA!!!

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Yo! en 1963, con aspecto de generación beatnik (solo el aspecto…)

Y aquí viene el problema que resulta bien común: sin padres borrachos, sin haber caído en adicciones ni de bebida ni de sustancias (ni siquiera a la TV o al dulce de leche), sin haber sido violado, sin haber sufrido maltrato de profesores o padres, sin haber sufrido bullying, sin haberme escapado de la casa de mis padres, sin haber sacado la camioneta de mi padre sin permiso, sin haber fumado subrepticiamente en el liceo (ni abiertamente en la universidad), sin haber visitado nunca un psicólogo, sin haber hurtado aunque fuera un mísero lápiz en la papelería, sin haber comido lo más caro cuando invitaba otro, sin haber escuchado ‘Rock around the clock’ por Bill Haley a gran volúmen, sin haber mirado una película porno ni visitado un prostíbulo, sin haber abrazado ni a derechas ni izquierdas, sin jamás haber sentido una necesidad de redención religiosa, sin ojos ni de miel ni oscuros ni verdes ni azules ni violetas ni negros y solo de un castaño común, sin habilidad para el fútbol aunque en los últimos años de liceo mi clase ganó el campeonato y yo jugaba siempre, sin amigos ni amigas raras pues tan pronto descubría algo que no era común dejaba de darme con esa persona, sin ser calvo y estar a los 77 con una incipiente coronita bien común en la cabeza, sin tener un cabello ni rubio, ni negro, ni pelirrojo, ni siquiera castaño claro y sí de un tono común con canas que aparecieron recién después de los 60, con una altura también común, ni alta ni baja de 1.73 (Alain Delon en su apogeo medía 1.72), un nombre común como Mario y un apellido también común como Navarro, sin parientes patricios ni delincuentes ni héroes ni traidores ni nombre familiar de abolengo…

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Mary Karr (escritora)

Con todo esto, ¿cómo piensan que puedo escribir algo interesante? En el reportaje a Mary Karr que cito al comienzo (El País Semanal, 19 de mayo de 2019, por Anatxu Zabalbeascoa -nombre y apellido que ya prometen por no estar dentro de lo común!) comienza por decirnos que tiene tres novelas “memoralistas” y agrega:

“de una crudeza sorprendente. La vida de esta mujer ha sido terrible: sus padres eran borrachos, fue violada dos veces y fue adicta a la cocaína y al alcohol”.

Qué te parece! Listo! Con todo eso le alcanzó para tres libros! Quizá se avisore otro… No quiero desmerecer a la brillante e interesante escritora que a través de la entrevista se muestra una persona de gran intelectualidad y talento y me atrevo a decir que casi COMUNISTA por su sentido general de las cosas. Se trata de saber de si un COMUNISTA como yo podría algún día escribir algo más allá de las listas para el lavadero o las que del supermercado. Pero voy a transcribir una parte de esa entrevista que creo que vale la pena conocer:

“cuando les dije a mi hermana y a mi madre: Me violaron dos veces, primero el vecino, luego tu segundo marido”. Entonces contesta su madre: ” Qué hijos de puta” y agregó su hermana: “Vamos a pedir comida mexicana”. Ahí terminó!

También pensé que sería bueno que todos fuéramos “comunistas”, por aquello del SENTIDO COMÚN que es tan escaso hoy día! Abrazos desde La Gran Nit de la Fira de Valéncia!

Valéncia, 20 de julio de 2019.